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Biblia Platense (Straubinger)

Salmos 108

1Al maestro de coro. De David. Salmo. Oh Dios, Gloria mía, no enmudezcas, 2porque bocas impías y dolosas se han abierto contra mí y me hablan con lengua pérfida. 3Me asedian con odiosos discursos, me combaten sin motivo. 4Por lo que me debieran amar, me acusan, y yo hago oración. 5Me devuelven mal por bien, y odio a cambio de mi amor. 6Ponlo bajo la mano de un impío, con el acusador a su derecha. 7Cuando se le juzgue, salga condenado, y su oración sea pecado. 8Acórtense sus días, y otro reciba su ministerio. 9Que sus hijos queden huérfanos y viuda su mujer. 10Anden sus hijos mendigando, errantes, arrojados de sus casas destruidas. 11El usurero aseche todos sus bienes, y sea presa de los extraños el fruto de su trabajo. 12Nadie le muestre misericordia y ninguno se compadezca de sus huérfanos. 13Sea su posteridad entregada al exterminio, extíngase su nombre en la primera generación. 14La culpa de sus padres sea recordada [por Yahvé], y el pecado de su madre no se borre. 15Estén siempre ante los ojos de Yahvé, para que Él quite de la tierra su memoria; 16pues no pensó en usar de misericordia, sino que persiguió al infortunado, al pobre, al afligido de corazón, para darle el golpe de muerte. 17Amó la maldición. ¡Cáigale encima! No quiso la bendición. ¡Apártese de él! 18Se revistió de maldición como de una túnica; y le penetró como agua en sus entrañas, y como aceite en sus huesos. 19Séale como manto que lo cubra, y como cinto con que siempre se ciña. 20Tal pago tengan [de Yahvé] los que me acusan y los que profieren maldiciones contra mí. 21Mas Tú, Yahvé, Señor mío, haz conmigo según la gloria de tu Nombre; sálvame, pues tu bondad es misericordiosa. 22Porque yo soy un infortunado y pobre, y llevo en mí el corazón herido. 23Como sombra que declina, me voy desvaneciendo; soy arrojado como la langosta. 24Mis rodillas vacilan, debilitadas por el ayuno, y mi carne, enflaquecida, desfallece. 25Y he venido a ser el escarnio de ellos; me miran, y hacen meneos de cabeza. 26Ayúdame, Yahvé, Dios mío, sálvame conforme a tu misericordia. 27Y sepan que aquí está tu mano, y que eres Tú, Yahvé, quien lo ha hecho. 28Que ellos maldigan, pero Tú bendíceme. Véanse confundidos los que contra mí se levantan, mas alégrese tu siervo. 29Sean cubiertos de ignominia los que me acusan, y envueltos en su confusión como en un manto. 30Mi boca rebosará de alabanzas a Yahvé; en medio de la gran multitud cantaré sus glorias; 31porque Él se mantuvo a la derecha de este pobre para salvarlo de sus jueces.

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