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Biblia Platense (Straubinger)

Salmos 138

1Al maestro de coro. Salmo de David. Yahvé, Tú me penetras y me conoces. 2Sabes cuando me siento y cuando me levanto; de lejos disciernes mis pensamientos. 3Si ando y si descanso Tú lo percibes, y todos mis caminos te son familiares. 4No está todavía en mi lengua la palabra, y Tú, Yahvé, ya la sabes toda. 5Tú me rodeas por detrás y por delante, y pones tu mano sobre mí. 6Maravillosa sobremanera es para mí tal ciencia, demasiado sublime, superior a mi alcance. 7¿Adónde iré que me sustraiga a tu espíritu, adónde huiré de tu rostro? 8Si subiere al cielo, allí estás Tú; si bajare al abismo, Tú estás presente. 9Si tomare las alas de la aurora, y me posare en el extremo del mar, 10también allí me conducirá tu mano, y me tendrá asido tu diestra. 11Si dijera: “Al menos las tinieblas me esconderán”, y a modo de luz me envolviese la noche. 12las mismas tinieblas no serían oscuras para Ti, y la noche resplandecería como el día, la oscuridad como la luz. 13Tú formaste mis entrañas; me tejiste en el seno de mi madre. 14Te alabo porque te has mostrado maravilloso, porque tus obras son admirables; largamente conoces mi alma, 15y mi cuerpo no se te ocultaba, aunque lo plasmabas en la oscuridad, tejiéndolo bajo la tierra. 16Tus ojos veían ya mis actos, y todos están escritos en tu libro; los días (míos) estaban determinados antes de que ninguno de ellos fuese. 17Oh Dios ¡cuán difíciles de comprender tus designios! ¡Cuán ingente es su número! 18Si quisiera contarlos, son más que las arenas; si llegara al fin, mi duración sería como la tuya. 19¡Oh, si quitaras la vida, oh Dios, al impío, y se apartasen de mí los hombres perversos! 20Porque con disimulo se rebelan contra Ti; siendo tus enemigos, asumen tu Nombre en vano. 21¿Acaso no debo odiar, Yahvé, a los que te odian, y aborrecer a los que contra Ti se enaltecen? 22Los odio con odio total; se han hecho mis propios enemigos. 23Escudríñame, oh Dios, y explora mi corazón, examíname y observa mi intimidad; 24mira si ando por el falso camino, y condúceme por la senda antigua.

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