Saltar al contenido principal

Biblia Platense (Straubinger)

Salmos 143

1De David. Bendito sea Yahvé, mi piedra; Él adiestra mis manos para la pelea, mis dedos para la guerra; 2Él es mi alcázar y mi libertador, el broquel con que me cubro; Él es quien me somete los pueblos. 3Yahvé ¿qué es el hombre para que de él te ocupes, el hijo de hombre para que pienses en él? 4El hombre es semejante al soplo del viento; sus días, como sombra que pasa. 5Oh Yahvé, inclina tus cielos y desciende; toca los montes y humearán. 6Arroja tu rayo y dispérsalos, asesta tus flechas y desconciértalos. 7Extiende tu mano desde lo alto y arrebátame sálvame de las muchas aguas, del poder de gente extranjera, 8que con la boca habla mentiras, y con la diestra jura en falso. 9Quiero cantarte, oh Dios, un cántico nuevo, con el salterio de diez cuerdas te cantaré: 10“El que da la victoria a los reyes, que salvó a David, su siervo, de la fatal espada, 11me ha salvado y me ha librado de la mano de gente extranjera, que con la boca habla mentiras y con la diestra jura en falso. 12Nuestros hijos son como plantas que crecen en la flor de su edad; nuestras hijas, como columnas de ángulo, talladas para adorno de un palacio. 13Nuestros graneros están llenos, rebosantes de toda clase de frutos. Nuestras ovejas, mil veces fecundas, se multiplican a miríadas en nuestros campos; 14nuestros bueyes son robustos. No hay brechas ni salidas en nuestros muros ni llanto en nuestras plazas.” 15Dichoso el pueblo que tanto tiene; dichoso el pueblo cuyo Dios es Yahvé.

Cargando mapa…